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Si mañana pierdes internet 48 horas ¿tu empresa sigue viva?

Chile habría enfrentado más de 27.600 millones de intentos de ciberataques. Algunas estimaciones sitúan el promedio en cerca de 1.995 ataques semanales por organización.

Marzo 2026.- Chile cerró 2025 con 4,7 millones de conexiones de internet fija y más de 22,7 millones de conexiones móviles entre redes 3G, 4G y 5G. A esto se suma un ecosistema digital donde la fibra óptica ya representa cerca del 84% de las conexiones fijas y donde el tráfico promedio por conexión supera los 675 GB mensuales. El país avanza hacia una economía cada vez más digitalizada, donde el acceso constante a la red se ha vuelto una condición básica para el funcionamiento cotidiano de empresas, servicios y personas.

En este escenario, la pregunta relevante ya no es si ocurrirá una interrupción, sino qué tan preparadas están las organizaciones para seguir operando cuando aquello que parece obvio deja de estar disponible. Un corte prolongado de conectividad puede originarse por múltiples factores, desde incidentes con proveedores de telecomunicaciones y errores de configuración hasta eventos de ciberseguridad, fallas eléctricas o disrupciones regionales que afecten infraestructura crítica.

La magnitud de la dependencia digital es hoy medible. En Chile, el porcentaje de hogares con internet fija alcanzó el 68,8% a diciembre de 2025, mientras que el uso de internet en América Latina y el Caribe se sitúa en torno al 82% de la población, según datos del Banco Mundial. En el caso chileno, la penetración alcanza aproximadamente el 94%. Paralelamente, los riesgos asociados a incidentes digitales también se reflejan en cifras económicas concretas. De acuerdo con el informe Cost of a Data Breach 2024 de IBM, el costo promedio de una filtración de datos en América Latina alcanza los 2,76 millones de dólares.

“En muchas organizaciones existe un plan de continuidad formalizado en documentos. Sin embargo, cuando se produce una interrupción real, lo que define la capacidad de seguir operando no es el documento en sí, sino la arquitectura tecnológica, los procesos definidos y los equipos que saben ejecutar bajo presión”, explica Loreto Opazo, gerente de negocios y reclutamiento de Qibit Chile.

El riesgo no es únicamente teórico. Distintos reportes sitúan a Chile como un objetivo constante de ataques digitales. Según datos citados por el medio español El País en su edición chilena, durante 2024 el país habría enfrentado más de 27.600 millones de intentos de ciberataques. Algunas estimaciones sitúan el promedio en cerca de 1.995 ataques semanales por organización. A esto se suma un desafío creciente en capital humano especializado. El CSIRT nacional ha estimado un déficit cercano a 28.000 especialistas en ciberseguridad, con una proyección de demanda que podría superar los 63.500 profesionales hacia 2026.

Ante este contexto, especialistas del sector tecnológico advierten que uno de los ejercicios más reveladores para evaluar la resiliencia de una organización es simular escenarios extremos. En particular, analizar qué ocurriría si una empresa enfrentara 48 horas completas sin conexión a internet. En ese escenario, preguntas básicas adquieren una dimensión crítica: si es posible facturar, cobrar y despachar; si la atención a clientes puede mantenerse; qué procesos cuentan con procedimientos manuales o modo offline; qué sistemas dependen completamente de servicios en la nube y quién toma las decisiones operativas en una situación de crisis.

“Diversos estudios estiman que el costo de una sola hora de interrupción tecnológica puede superar los 300.000 dólares para más del 90% de las empresas medianas y grandes. Bajo esa perspectiva, dos días completos sin conectividad no representan simplemente un inconveniente técnico, sino un evento que puede afectar directamente la continuidad del negocio”, agrega Opazo.

Para enfrentar estos escenarios, los especialistas coinciden en que la resiliencia digital no depende de una sola medida, sino de un enfoque integral que combine infraestructura tecnológica robusta, procesos operativos claros y equipos preparados para gestionar incidentes. Esto incluye diversificar proveedores de conectividad, desarrollar mecanismos mínimos de operación offline para procesos críticos, definir prioridades claras entre servicios esenciales, fortalecer protocolos de ciberseguridad y contar con equipos con autoridad operativa durante eventos de crisis.

El desafío, además, trasciende a cada organización individual. A nivel regional, organismos multilaterales han advertido que, pese a los avances en digitalización, persisten brechas estructurales en materia de resiliencia tecnológica. Un informe conjunto de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicado en 2025 —que analizó la situación en 30 países de América Latina y el Caribe— concluyó que la protección de infraestructuras críticas y el fortalecimiento de capacidades operativas siguen siendo algunos de los desafíos más urgentes para la región.

En un contexto donde prácticamente toda actividad económica depende de sistemas conectados, la resiliencia digital comienza a consolidarse como un factor estratégico. La verdadera prueba para muchas organizaciones no será cuánto invierten en tecnología, sino cuánto pueden seguir funcionando cuando esa tecnología, por cualquier motivo, deja de estar disponible.

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